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INTRODUCCIÓN
Son de destacar los productos de las huertas como alimentación
base, de fama regional en los mercados de Ávila, Arévalo, Segovia y Medina por
su excelente calidad y sabor.
En cuanto a los asados, no queremos apropiarnos de
estos platos tan rigurosamente castellanos. Pero hacemos mención a la situación
geográfica de Martín Muñoz, encontrándonos en la provincia de Segovia y próximos
a Arévalo
(Ávila) nos hace estar privilegiadamente en la tierra del asado. A continuación
mencionamos los asados más característicos de la zona: el tostón y el
cordero.
La
Matanza en Martín Muñoz es una tradición tan
arraigada que se nos hace imposible pensar en que algún día pueda desaparecer
como ocurrió en muchos lugares de España. Aunque posiblemente en muchas
casas ya no se haga, no hay nadie en este pueblo que no haya participado en este
menester. Más adelante describimos los días de matanza en Martín Muñoz de las
Posadas.
EL TOSTÓN (Cochinillo asado)

La elaboración
del “Tostón” comienza con el arreglo del cochinillo antes de asarlo.
Le
colocamos de espaldas encima de una mesa y con un cuchillo se abre el espinazo
desde la gaita hasta el rabo intentando no romper la piel. Se pone en el
interior de una asadera de barro, situado con la piel hacia abajo, se echa un
poco de agua, se sazona sin olvidar el laurel y se lleva al horno
(preferiblemente de leña).


Éste deberá estar caliente y a una temperatura de
unos 180ºC. Se puede embadurnar el cochinillo con manteca de cerdo para darle un
aspecto más brillante y sabroso.
Pasada una hora se saca, se añade agua a la cazuela y si se ha dorado
superficialmente le damos la vuelta y le colocamos con la piel hacia arriba. De
esta forma permanecerá al menos otra hora y media.
Una vez que la piel está dorada y crujiente se considera que el cochinillo está
asado, si no es así se le dejará hasta que alcance dicho aspecto y podamos
degustar tan delicioso manjar. Se dice que cuando un tostón se puede partir con
un plato, es que ha sido bien asado. (No es preciso después romper el plato)
 
CORDERO ASADO

La elaboración
del asado de cordero es parecida a la del tostón. Una vez sacrificado el cordero
y desollado. Se le cuelga durante un día para que se encere u oreé.
Encender el horno de leña. La temperatura adecuada es de unos 200ºC. El cordero
se prepara cortándolo en cuartos y se distribuye en varias asaderas de barro. Se
sazona, añadimos un poco de agua, ajo machacado, laurel y se riega con un poco
de vino blanco. Se introducen las asaderas en el horno previamente calentado y
lo dejamos por espacio de unas dos horas, regándolo según se vaya secando.
Al final dejar que se tueste por la parte de la piel.

LA MATANZA


"Las imágenes que a continuación
se muestran pueden herir la sensibilidad del espectador"
Jornada
de matanza
Ese día se madruga con cierta resaca para algunos. Después de vestirse uno de
faena y calzado con botas y dos pares de calcetines se resopla adivinando los
días que a uno le esperan. Habiendo preparado los útiles y la casa para la
ocasión nos montamos en los coches y nos dirigimos al cebadero donde nos aguarda
el marrano. Es importante llevar un par de cubos para recoger la sangre y una
cuchara de madera, y por supuesto el cuchillo, porque del susto no creo que
muera.

Una vez
llegados al cebadero nos disponemos a elegir el marrano. El animal ya se
barrunta algo y empieza a ponerse nervioso, supongo que será por los
movimientos extraños y poco rutinarios entorno a él. Sea de una forma u otra la
cuestión es que hay que cogerlo entre unos cuantos (tres son pocos y cinco
multitud).
Se le ata el
morro con un lazo mientras los demás lo rodean para agarrarlo de las
extremidades y así subirlo al tajo o a un par de alpacas para poder clavarle el
cuchillo en el sitio exacto y que el animal sangre con normalidad. El primer
chorro de sangre se recoge para las morcillas, la cual al caer en el cubo se
dará vueltas inmediatamente para que no se coagule, el resto de sangre se
recogerá en el otro cubo que se cocerá y se consumirá en esos días.

Cuando el
marrano da las últimas sacudidas y sus chillidos se apagan, los que han
participado en la faena suspiran tranquilos y se recuperan de la tensión que les
ha mantenido por momentos. A continuación, se ata una mano con la pata contraria
para enganchar una romana y poder pesarlo.
Una vez
apuntado el peso se baja el marrano de la romana y se le traslada a casa. Una
vez allí se baja el marrano al suelo para poder chamuscarlo.
Chamuscado
Esta
operación se realiza para eliminar las cerdas del marrano. Se le recubre
de paja por encima hasta taparlo. Cuando se prende la paja el calor de la llama
se agradece y todos los presentes arrimamos los pies para calentarlos. Cuando la
llama se apaga, y habiendo comprobado que está bien chamuscado, se le da la
vuelta patas arriba. Se colocan unas piedras o ladrillos en los costados para
que guarde el equilibrio, y se le vuelve a cubrir de paja para terminar de
chamuscarlo. Seguidamente se coge un puñado de paja y se queman las pezuñas para
así poder quitarlas fácilmente. Me dicen que antaño los chicos y no tan chicos
se comían las pezuñas allí mismo, aunque hoy en día terminan en algún tejado.

Raspado y lavado
Se sube al marrano en el tajo. Con unos tejos de ladrillo, cuchillos o tacos de
madera con chapas de botellín clavadas, se rasca con el fin de, por un lado
eliminar los restos de cerdas que no se hayan quemado del todo y por otro
limpiar la piel de todas las porquerías que tenga. Normalmente hay que ir
echando agua sobre la piel del marrano al compás del que rasura.


Colgado
Antes de colgar el marrano para que se encere u oreé hay que abrir el vientre.
Se hacen dos
incisiones paralelas a lo largo del vientre hasta las carrilleras. Esa pieza
obtenida se llama alma, que habrá que colgar también lejos del alcance de los
gatos y canes.

Seguidamente se le meterá un gancho por el hueco que habremos dejado al quitar
el meano junto con el culo y se le colgará. También podemos colgarlo de las
patas con unos ganchos especiales.


Una vez
colgado a media altura hay que extraerle las tripas. Se hará con sumo cuidado
para no romperlas y se depositarán en la artesa para después limpiarlas. Se
retira la hiel, y se extrae la sadura que forma el hígado, corazón, pulmones,
lengua, etc. Se sumerge en agua unas cuantas veces, y se abre el corazón con un
cuchillo para eliminar las coagulaciones y demás porquerías. Posteriormente se
cuelga junto al alma.
A continuación
se toman muestras de carne, se introducen en un sobre o bolsa con el nombre y
teléfono del que mata, y se lleva al veterinario para que las analice. No hace
falta contestación puesto que si no te llama es que el marrano está en
condiciones.
Lavado de tripas
Mientras tanto se lleva a cabo la tarea más desagradable de la faena: el lavado
de tripas.
En la artesa se pica ajo, sal gorda y orégano, añadimos vinagre y con este
mejunje tenemos nuestro detergente natural.
Las tripas deben estar en contacto con este "detergente" mientras se van lavando
tripa a tripa con agua, una vez y otra. Dándoles la vuelta como a un calcetín
repetidas veces. Las tripas quedarán aguardando el día de "llenado" en un barreño
con agua. 
Morcillas
Qué decir de las famosas morcillas de Martín Muñoz sosas y picantes. Su aspecto
basto no hipoteca su sabor exquisito.
Aún me pican los ojos cuando recuerdo el ambiente cargado de la cocina. Entre
lágrimas y carcajadas se afanan en llenar los barreños de cebolla picada.
En el barreño se mezclan la sangre, arroz, clavo, comino pimentón picante,
cebolla, el "manto" y unas pocas "empellas". Se pica y se revuelve mientras se llena
a mano la tripa con ayuda de un embudo, atándose en pequeñas porciones. Más
tarde se cuecen en la lumbre baja. De vez en cuando se pinchan las morcillas
para que no revienten.
Se retiran de la lumbre a la hora y cuarto después de ebullición y se depositan en
barreños de barro
con el fondo de paja para que escurran. Para consumirlas es necesario freírlas en aceite. Esa
misma noche se pueden degustar junto con la típica sopa de ajo y los filetes de
hígado empanado.

2ª jornada
En el segundo día como en el primero se madruga. Se preparan los útiles
necesarios para el destazado del marrano y se afilan los cuchillos
con atención.
Destazado
Se baja el marrano al tajo y boca arriba se empieza la labor de destazado. Esta operación
requiere unos conocimientos mínimos de carnicería, no obstante, no todos los
matarifes son carniceros pero con el paso del tiempo han adquirido unos
conocimientos equiparables.
Se trata de despiezar y clasificar cada parte del marrano para un fin, es decir,
se separa la carne para chorizo, para la longaniza y salchichón; los tocinos, lomos,
solomillos, huesos y costillas para adobados. Es probable que se deje algún
jamón para curarlo pero suele hacerse cuando se mata más de un marrano. También
se retira la manteca y junto con el alma se fríe. Estos son los famosos
chicharrones que un cacho pan y buen vino están deliciosos. También se hacen unas tortas riquísimas y
famosas.

Antes del medio día se
almuerza el sumarro (chumarro). Se trata de la carne de aguja, morro o papada
hecha en la plancha o barbacoa. Es el momento más esperado de la jornada; hace
levantar al más resacoso de la cama y estar allí el primero. Se acompaña con un
buen vino de la tierra aunque los jóvenes prefieran la coca-cola.
Picado y adobado
La carne destazada de las paletillas y jamones son picadas
para salchichón y longaniza y se deposita en una artesa. Así mismo, y en otra
artesa, se deposita la carne picada y seleccionada para chorizo.
Para la longaniza y el chorizo se
mezcla el pimentón, la sal, ajo machacado y vino blanco a la carne. Se amasa con
las manos y puños hasta su perfecta mezcolanza. Para el salchichón se procede a
añadir la mezcla preparada y se amasa al igual que la longaniza.
Para que la carne macere y esté en
su punto, se deja en reposo durante veinticuatro horas.

Las demás piezas destazadas del
marrano: costillas, huesos, solomillos, lomos y pancetas son adobadas.
Existen dos métodos de adobado:
Seco y mojado.
Los dos métodos consisten en
machacar sal gorda, ajo y orégano. En el método seco se unta con las manos
directamente y se depositan en banastas o cestos durante tres días para su
posterior colgado. El método húmedo consiste en echar el adobo en una tinaja con agua. Las piezas se van introduciendo hasta sumergirlas. Se mantendrán
así durante tres días para su posterior colgado.
3ª jornada
Llenado y curado
El último día está dedicado al
llenado del mondongo. Se enciende la lumbre para caldear la cocina mientras se
preparan los útiles como la máquina, las agujas y cordones de atado. Los
cordones deben ser de distintos colores para distinguir los chorizos de la
longanizas y salchichones. También se
preparan las tripas que desde el primer día han estado esperando para este fin.
Mientras se carga la boca de la
máquina se le da vueltas a la manivela pero no sin antes recoger la tripa en el embudo.
Se sujeta con los dedos de un extremo para que no se salga la carne. Según
va saliendo la carne el que sujeta la tripa deberá acompañar el ritmo del de la
manivela.
Cuando se termina los tramos de
tripas se pasa a las que atan y pinchan las ristras y vuelta a empezar. Hay que
estar pendiente de las tripas que se van rompiendo puesto que hay que remendar
el tramo rápidamente. Normalmente se compra vientre de más en las carnicerías
para estos defectos.


Las ristras de longaniza o chorizo que
van saliendo se van colgando separadas. Sin darnos cuenta hemos terminado la
matanza aunque quede colgar los adobados.

En los días
posteriores hay que estar pendiente del curado de los productos puesto que no es
difícil que la matanza se eche a perder. Es posible que el invierno sea duro o cálido.
Los hielos, nieblas o humedades hacen estragos lo cual debemos tomar las
precauciones oportunas como por ejemplo encender lumbre baja todas las noches,
mirar cada ristra o pieza adobada así como limpiar con una rodilla o trapo el
moho adherido a las ristras. Las moscas o cualquier insecto pueden también
acabar con la matanza por lo que debemos aislar la cocina y evitar entrar lo
menos posible.
Quince días
después del llenado procederemos a meter en ollas parte de la longaniza. Se
cortan las ristras de longaniza en unos diez centímetros y se fríen, después se
meterán en manteca dentro de dichas ollas. Se procede a hacer lo mismo con las
piezas de lomo. Se cortan en filetes de un centímetro de grosor y se fríen,
después se meterán en manteca dentro de la olla. Con este procedimiento
dispondremos de tajadas de lomo y longaniza a lo largo del año.
Posiblemente
esta descripción o narración de Matanza no sea como vosotros la hacéis pero creo
que se asemejan en la forma y carácter festivo-familiar. Es una manera de crear
vínculos familiares y amistosos lo cual hace imperioso evitar que desaparezca.

Texto: Santi Flández
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